Sacra central
1764-1765
Las sacras son las tablas en las que se graban, en el caso del metal, o se estampan, si se trata de papel, las oraciones que el sacerdote debe leer en determinados momentos del rito litúrgico sin recurrir al misal. Se colocan en medio y a los lados del altar.
El marco de esta sacra representa un águila bicéfala coronada, con las garras apoyadas en sendas volutas. El copete central es un escudo real coronado, rodeado del collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro y flanqueado por volutas y tornapuntas. En el centro, se encuentra una placa de metal dorado, con perfiles curvos, que recoge el texto de la consagración grabado y policromado en negro. Alrededor, en la parte superior, busto de Dios Padre sobre nubes. A los lados, san Francisco y santa Clara. Debajo, la Asunción de María. Completan el conjunto decorativo espigas, guirnaldas de flores y racimos de uvas. La pieza apoya en dos patas en forma de capiteles.
Esta sacra central pertenece a un conjunto de tres atribuidas al platero Manuel García Crespo, natural de Tordesillas. Se trasladó a Salamanca para perfeccionar su formación en el arte de la platería y se convirtió en uno de los artífices más importantes de la platería salmantina. Fue el creador de nuevos tipos, en particular la sacra aquiliforme, repetido por otros plateros de la zona. Siempre mantuvo un vínculo con su ciudad natal y esto pudo propiciar la fabricación de este conjunto de sacras que debió de regalar al convento de clarisas. Además, el águila bicéfala refuerza el origen del convento como fundación real.
Las piezas no llevan marcas de localidad ni de autoría, pero su diseño y calidad recuerdan a otras conservadas en la catedral de Valladolid que portan la marca de este artífice. El profesor Brasas Egido estudió estas piezas y estableció una serie de características afines.
La sacra central solía recoger las palabras de la consagración del pan y del vino. El sacerdote, antes del Concilio Vaticano II, las pronunciaba de espaldas a los fieles. La sacra se colocaba cerca de él para facilitarle la lectura. Las otras dos contienen el salmo del lavatorio y el último evangelio.
Este tipo de pieza fue el que alcanzó mayor auge gracias a los plateros salmantinos y su diseño se difundió en las zonas limítrofes desde finales del siglo XVII hasta bien avanzado el siglo XVIII.