Virgen María
Hacia 1578
Anchieta, natural de Azpeitia (Guipúzcoa), fue uno de los mayores difusores del romanismo miguelangelesco en la mitad norte de España. Formado inicialmente en Medina de Rioseco (Valladolid) con un escultor local, pronto pasó a trabajar en esta ciudad en los círculos de Juan de Juni y de Gaspar Becerra. Sería a través de la obra de estos dos artistas como Anchieta recibiría la influencia del maestro italiano, observable especialmente en la monumentalidad y potencia anatómica de sus figuras.
Su etapa de madurez se sitúa en torno a 1570, fecha en que se trasladó a su localidad natal y comenzó a trabajar para una selecta clientela, entre la que se encontraba el obispo de Pamplona, Antonio Manrique, promotor del retablo de la Sala Capitular del Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas de Burgos, al que pertenece esta escultura de la Virgen María, caracterizada por su gravedad formal y su contención expresiva. Contratado con Anchieta en 1577, la estructura del retablo se debió a Martín Ruiz de Zubiate mientras que el escultor talló las distintas figuras y relieves que lo integraron. La policromía, en la que domina el estofado propiamente renacentista, fue obra del pintor Lorenzo de Puga.
Además del San Juan que hace pareja con la Virgen María como parte de un calvario, se conservan en el monasterio burgalés las escenas de la Imposición de la Casulla a San Ildefonso, la Conversión de San Pablo y la Degollación de San Juan Bautista, esta última especialmente alabada por la novedad y dinamismo de su composición (García Gaínza, 2008). Completan la decoración del conjunto tres bustos relicarios de santas mártires. Se atribuyen también al artista unas esculturas de San Benito y San Bernardo (Andrés Ordax, 1983).
Por las mismas fechas Anchieta realizó los grupos de la Asunción y la Coronación del retablo mayor de la catedral de Burgos y las esculturas de un Cristo crucificado y un san Jerónimo para la catedral de Pamplona, entre otras obras. A partir de su visita a El Escorial en 1583 para tasar la escultura de san Lorenzo de Juan Bautista Monegro y del contacto con los trabajos de los Leoni y de Benvenuto Cellini, su escultura avanzó hacia un mayor clasicismo, manifiesto en la obra maestra de su periodo final, el retablo mayor de la iglesia de Santa María de Tafalla (García Gaínza, 2008).