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Patrimonio Nacional atesora una de las colecciones textiles más importantes del mundo, integrada por conjuntos excepcionales, la mayor parte de los cuales pertenecieron o fueron encargados por los monarcas.
Esta exposición presenta un conjunto de obras, muchas de ellas nunca vistas, de extraordinaria factura y belleza, que permitirán al público aproximarse a algunas de las más antiguas piezas textiles que conservan las Colecciones Reales y conocer no solo los conjuntos más destacados que ornamentaron las estancias de aparato y los dormitorios regios, sino el funcionamiento de los oficios de palacio encargados de su creación y gestión.
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Horario
De lunes a sábados de 10:00 a 20:00 h. Domingos y festivos de 10:00 a 19:00 h.
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Acceso
Plaza de la Armería. Los grupos accederán por la entrada de Cuesta de la Vega
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Tarifas
• Tarifa básica (Galería+exposición temporal) 14€
• Tarifa exclusiva (solo exposición temporal) 8€
Extraordinarias maravillas
En esta primera sección se exponen algunas de las piezas más antiguas que se conservan en las Colecciones Reales españolas, haciendo hincapié en la disparidad de su procedencia, en la diversidad de sus manufacturas y en la belleza de sus decoraciones.
Se ofrece así una muestra representativa de las diferentes y exquisitas labores y formas que el arte textil ha adoptado a lo largo de la historia y que testimonian la pujante y rápida difusión de diversas modas gracias al comercio.
Bordados, tejidos y pasamanerías, de gran riqueza y complejidad técnica, fueron empleados desde hace siglos para dar forma a almohadas, cuadros, piezas de indumentaria, doseles, cubiertas de libros, relicarios o flotadores, demostrando así que el arte textil ha sido un elemento de primer orden utilizado para adornar y enriquecer cualquier objeto, espacio o ceremonia desde la Antigüedad, y así lo testimonian estas singulares piezas conservadas por Patrimonio Nacional.
Es preciso resaltar el carácter excepcional de estos objetos, ya que, por su propia naturaleza y fragilidad, los textiles anteriores al siglo XVIII que han llegado hasta nuestros días son muy escasos, lo que da un gran valor añadido a las obras presentes en esta parte de la exposición.
Espacios de majestad
El textil desempeñó un importante papel, como elemento de adorno y ostentación en las estancias palaciegas, y como objeto de alta significación simbólica, para la representación del poder.
En esta sección se aborda el ornato y la creación de bellos conjuntos para la decoración de un mismo espacio, ya fuera de aparato, esparcimiento o íntimo, valiéndose del tapizado de paredes, del uso de cortinas y guardamalletas de ventanas, y de la tapicería del mobiliario, elementos que, en conjunto, fueron denominados «colgaduras». En el ornamento de las más principales estancias de los palacios reales españoles tuvieron también especial protagonismo las alfombras, entendidas como caminos de seda y lana, que mejoraban, además, el confort de las habitaciones.
El textil funcionó también como elemento para vestir el poder. Goteras, reposteros, sillones y tronos, sobremesas, almohadones y, especialmente, doseles indicaban, de inmediato, el lugar del soberano, unos elementos que fueron aprovechados desde épocas tempranas para la construcción de la semiología política; sirviendo para la propaganda y expresión de la ideología del poder.
Sueños de seda
El tejido, como parte fundamental del mobiliario, no solo fue una muestra de poder en la esfera pública, sino que revestía las estancias más privadas de los monarcas de la misma pompa y boato que se empleaba para los aposentos de representación.
A juego con los tejidos de las paredes, se crearon para los palacios reales españoles cortinas de camas, colchas y edredones, que contribuyeron al confort y descanso diario, aportando además suntuosidad. El dosel, cuya función no era solo la de conservar el calor, sino mostrar el carácter regio de quien dormía bajo él, se convirtió en el más destacado elemento de este tipo de decoración.
Las dos camas presentes en esta exposición, creadas por los mejores artífices de los talleres reales para la visita de Carlos IV y María Luisa de Parma a la Ciudad Condal en 1802, las denominadas «Jornadas de Barcelona», muestran dos de las tipologías más habituales de este tipo de mobiliario: la cama «de columnas» y la cama «a la polonesa», esta última creada para colocarse de forma paralela a la pared. A estas dos magníficas piezas se unen los bordados traídos de China para el rey consorte Francisco de Asís, que no llegaron a utilizarse, y una cama de campaña, ejemplo de la vida cotidiana del ámbito militar en el siglo XIX.
El Real Oficio de Tapicería
Reza el dicho tradicional que «antes del Rey siempre llega un tapicero», expresión a la que se puede dar validez al menos desde el siglo XVI hasta nuestros días.
El Oficio de Tapicería, de cuyas tareas, componentes, organización y gastos se tiene constancia documental desde 1502, se ha encargado desde entonces de la creación de todas las tapicerías, doseles, oratorios, alfombras, camas, almohadas y de todo género de colgaduras, con las que habían de dotarse los palacios reales, procurando su correcto cuidado y conservación, así como del colgado de todo lo que el rey ordenara, según los desplazamientos estacionales de la corte, o «Jornadas Reales», los viajes o ceremonias que se hubiesen de llevar a cabo.
A las órdenes del Jefe del Oficio de Tapicería trabajaba una pléyade de ayudas, sotoayudas, retupidores, mozos, entretenidos y colgadores, bajo una estricta ordenación que fue quedando reglamentada sucesivamente a lo largo de la Edad Moderna.
En la actualidad, Patrimonio Nacional sigue asumiendo estas tareas históricas, a las que hay que añadir las nuevas responsabilidades de investigación, restauración y conservación preventiva de todas las piezas históricas que formaban el antiguo Real Oficio de Tapicería y que hoy atesoran las Colecciones Reales españolas.
Guardarropa y tocador
En un ámbito más íntimo, pero también relevante para la configuración de la imagen regia, el Oficio del Guardarropa de palacio era un servicio dinámico, organizado jerárquicamente e integrado por diverso tipo de personal, que custodiaba las piezas y accesorios de indumentaria que usaba la Familia Real, en cuya creación había intervenido una miríada de artistas y artesanos, como sastres, costureras, bordadores, encajeros, peleteros, zapateros o sombrereros.
Es fácil suponer las enormes cantidades de dinero invertidas en los diferentes reinados en las vestimentas de aparato y cotidianas, extremo bien acreditado, especialmente con algunos monarcas, a través de la documentación y muestrarios custodiados en el Archivo General de Palacio.
Si bien en esta sección se presenta un conjunto variado de trajes de ceremonia y accesorios de indumentarias que pertenecieron a los reyes de España, se ha querido poner de relieve el aspecto más privado del arreglo personal de los monarcas, compuesto por la toilette y los elementos a ella asociados, piezas muy desconocidas, de íntima cotidianeidad, como las bañeras, o los textiles con los que se ornamentaba el tocador de la reina María Luisa de Parma.
Obras
Organiza: Patrimonio Nacional
Colabora: Ayuntamiento de Madrid
Comisarias: Pilar Benito García, Lourdes de Luis Sierra, María Barrigón Montañés
Coordinadora: Miriam Estrada Maestre
Diseño museográfico: Francisco Bocanegra
Producción y montaje: Taller de tapicería de Patrimonio Nacional; SIT, Proyectos, diseño y conservación S. L.
Transporte: Unidad de traslados de obras de arte de la Dirección de las Colecciones Reales; Ordax Arte & Exposiciones
Seguros: AON. One Underwriting