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La Piedad de Gaspar Becerra es una de las piezas clave de la colección de pintura del siglo XVI del Museo de Bellas Artes de València, donada a la institución por Mercedes de la Cuadra Oliag en 2001. Esta obra de Becerra, firmada y fechada en 1560, es una pieza capital en la trayectoria del artista y se sitúa tras su prolongada estancia romana, documentada entre 1540 y 1556. Becerra había nacido en Baeza hacia 1520 y se formó en un ambiente ya receptivo al Renacimiento italiano. Muy pronto se trasladó a Roma, donde se integró en el círculo de Giorgio Vasari (1511 –1574) y colaboró con Daniele da Volterra (1509 – 1566), participando en grandes empresas decorativas, como la del palacio de la Cancillería y en una de las capillas de la iglesia de la Trinità dei Monti. Frente a otros pintores españoles activos en Roma, como Pedro Rubiales (h. 1518 – h. 1560) o Luis de Vargas (h. 1505 – 1567), Becerra adoptó el romanismo miguelangelesco de una manera mucho más literal.

Tras su regreso a España hacia 1557, la actividad de Gaspar Becerra se concentró principalmente en la escultura y en la arquitectura efímera. Su obra capital es el retablo mayor de la catedral de Astorga, contratado en 1558, aunque también fue de su mano el desaparecido retablo mayor de las Descalzas Reales de Madrid. Diseñó, además, el túmulo funerario de Carlos V (1500 – 1558) para las exequias celebradas en Madrid en 1559 y pintó para Felipe II (1527 – 1598) decoraciones en el Alcázar y en el Palacio de El Pardo, aunque en la actualidad solo se conservan las pinturas de una de las torres de este último, con la historia de Dánae y Perseo.

La Piedad de Becerra tiene como referente inmediato la Piedad pintada por Sebastiano del Piombo (h. 1485 – 1547) para la iglesia de San Francesco alla Rocca de Viterbo, obra fechada entre 1513 y 1516. Esta pintura, realizada poco después de la llegada de Sebastiano a Roma, constituye una de las formulaciones más tempranas del nuevo lenguaje romano surgido del diálogo entre el color veneciano y el rigor anatómico de Miguel Ángel (1475 –1564). Vasari menciona la existencia de un cartón preparatorio de Buonarroti y existen varios dibujos previos del toscano para la figura de la Virgen que confirman su papel activo en esta creación.

La Piedad de Viterbo posee una fuerte carga reflexiva, reforzada por la ambientación nocturna y silenciosa, donde la Virgen ora al cielo en meditación ante el cuerpo muerto de Cristo. La Piedad de Viterbo y la interpretación realizada por Gaspar Becerra, a medio siglo de distancia, reflejan una espiritualidad caracterizada por el énfasis en la experiencia interior y la centralidad del sacrificio de Cristo. Estas ideas conectan con las de Reginald Pole (1500 –1558), Gasparo Contarini (1483 –1542) o Jacopo Sadoleto (1477 – 1547), quienes propugnaron la reforma católica temprana a principios de un siglo XVI marcado por la creciente desconfianza hacia las mediaciones externas. Este clima de exaltación espiritual conectó con la sensibilidad de Miguel Ángel, especialmente desde el inicio de su relación con Vittoria Colonna (1490 – 1547) en 1536 y la clara asimilación de la teología paulina, en particular de la doctrina de la justificación por la fe, mediada por lecturas de Juan de Valdés (h. 1505 – 1541) y Bernardino Ochino (1487 –1564).

Gaspar Becerra vivió la conflictividad religiosa en el seno de la Iglesia y el desarrollo del Concilio de Trento (1545 – 1563), y elaboró su personal interpretación de las doctrinas espiritualistas en su monumental Piedad del Museo de Bellas Artes de València. Sin embargo, no replicó la Piedad de Viterbo, sino que, en lugar de orientar la mirada de María hacia el cielo, volvió sus ojos hacia el cuerpo muerto de su Hijo, tal y como había hecho el propio Miguel Ángel en su Piedad escultórica del Vaticano. Poco después, estas corrientes religiosas fueron tachadas de heréticas y la acción normalizadora de teólogos como Gabriele Paleotti (1522 – 1597) acabó marginando las imágenes que no se adaptaban de manera literal a la doctrina oficial católica.

Galería de imágenes


Título

Piedad

Autor

Gaspar Becerra (Baeza, 1520 – Madrid, 1570)

Datación

1560

Características

Óleo sobre tabla

Dimensiones

143,5 × 105,5 cm.

Procedencia

Museo de Bellas Artes de València, inv. 2/2001

Créditos

Texto: Pablo González Tornel, director del Museo de Bellas Artes de València. Fotografía: Museo de Bellas Artes de València

Patrocinadores

Fundación Ramón Areces

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Historia de Perseo
Gaspar Becerra
1563-1568
Palacio Real de El Pardo
10081956

Recién llegado de Roma, en 1562, Gaspar Becerra fue elegido por Felipe II para realizar la decoración en pintura mural de los palacios reales. Su fama como buen fresquista y su lenguaje grandioso de signo miguelangelesco resultaron claves para su elección. Su primer encargo para el rey fueron los frescos del Torreón de la Reina del Palacio Real de El Pardo, cuya importancia artística queda aún hoy más destacada al ser la única pieza existente de aquel rico programa mural de índole clasicista.   
Becerra tuvo la feliz idea de simular un espacio abovedado en el techo plano de una sala cuadrada como era el Torreón de la Reina, mediante su división en una “quadratura” clásica con molduras de estuco que sirviera de elemento estructurador a las nueve reservas que componen el ciclo. La historia seleccionada fue la fábula de Perseo, que por su papel de valeroso combatiente y restaurador de la paz podría relacionarse con el rey. En el centro, se dispone un tondo circular con la Apoteosis de Perseo, en ascensión triunfante y con todos sus atributos identificativos; y alrededor, cuatro reservas rectangulares con las escenas de Dánae recibiendo la lluvia de oro, La entrega al mar de Dánae y Perseo, Perseo recibiendo los dones de Mercurio y Minerva y la Degollación de Medusa; y otras cuatro ovaladas en los ángulos, con el Nacimiento de Perseo, Perseo despidiéndose de Dánae y Polidectes, Perseo robando el ojo de las Greas y el Nacimiento de Pegaso. El programa se completa con la decoración de los entrehuecos de los cuatro balcones de la estancia, con un interesante programa de temática animalística, dedicado casi exclusivamente a las aves. Su presencia en el Torreón se debería considerar como uno de los primeros intentos científicos por exhibir y estudiar la fauna ornitológica autóctona y de importación, con la representación de especies europeas, africanas y americanas, que aparecen aquí por primera vez en España, como son los pavos americanos.

Texto: Carmen García-Frías Checa, conservadora de Pintura Antigua, Patrimonio Nacional

Autores y coleccionistas

Felipe II
Monarca

Felipe II

(Valladolid, 1527 - El Escorial (Madrid), 1598)

Hijo primogénito de Carlos I de España y V de Alemania (1500-1558) y de Isabel de Portugal (1503-1539), la educación del futuro Felipe II estuvo a cargo de su ayo, Juan de Zúñiga, del Cardenal Silíceo, maestro de primeras letras y confesor, y de Juan Ginés de Sepúlveda, quienes proporcionaron a su pupilo una formación humanista. El aprendizaje político del entonces Príncipe Felipe se desarrolló desde 1543, cuando por primera vez sustituyó a su padre, Carlos I, en la Gobernación de España. En 1548, el heredero realizó un largo viaje a través del Norte de Italia, Austria, Alemania y los Países Bajos durante el que tuvo ocasión de conocer algunos de los territorios sobre los que reinaría en el futuro.

Casado en cuatro ocasiones, las esposas de Felipe II fueron María Manuela de Portugal (1527-1545), con la que contrajo matrimonio el 14 de noviembre de 1543, madre del Príncipe Carlos (1545-1568), heredero de la Corona española hasta su muerte; María Tudor (1516-1558), Reina propietaria de Inglaterra, casada con el Monarca el 25 de julio de 1554; la Princesa francesa Isabel de Valois (1546-1568), cuyas nupcias con Felipe II tuvieron lugar el 2 de febrero de 1560, madre de las Infantas Isabel Clara Eugenia (1566-1633), Archiduquesa de Austria y Soberana de los Países Bajos casada con el Archiduque Alberto (1559-1621), y Catalina Micaela (1567-1597), Duquesa de Saboya, esposa de Carlos Manuel I de Saboya (1562-1630); y la Archiduquesa Ana de Austria (1549-1580), que desposó al Rey el 14 de noviembre de 1570. Con esta última Felipe II tuvo cinco hijos: el Príncipe Fernando (1571-1578), el Infante Carlos Lorenzo (1573-1575), el Príncipe Diego Félix (1575-1582), el futuro Felipe III (1578-1621), sucesor de su padre en el trono, y la Infanta María (1580-1583). Tras el deceso de Ana de Austria el 26 de octubre de 1580, el Monarca permaneció viudo hasta su muerte.

Felipe II se convirtió en Rey de España el 16 de enero de 1556, después de las abdicaciones de Carlos I en Bruselas (1555-1556). Su reinado coincidió con la etapa de máxima hegemonía de la Monarquía Hispánica en Europa tras la derrota francesa en la batalla de San Quintín, el 10 de agosto de 1557, y la firma de la Paz de Câteau-Cambresis con Francia dos años después. La política exterior española durante el reinado de Felipe II se desarrolló en dos etapas. Durante sus primeros años de gobierno, el Monarca otorgó prioridad a la defensa del Mediterráneo y a la rivalidad con el Imperio Otomano, zanjada a favor de las fuerzas cristianas tras la victoria de Lepanto el 7 de octubre de 1571. No obstante, desde mediados de la década de 1570 el foco de las relaciones internacionales se desplazó paulatinamente hacia el Atlántico. El recrudecimiento de la rebelión de los Países Bajos, que había estallado en 1566, y la dificultad de Felipe II para encontrar una solución política a la misma; la incorporación de Portugal y sus dependencias ultramarinas a los territorios bajo soberanía de la Monarquía Hispánica en 1580-1581; el agravamiento de las tensiones con la Inglaterra de Isabel I (1533-1603), que culminó con la fallida expedición de la conocida como “Armada Invencible” en 1588, y la intervención española en las Guerras de Religión francesas desde 1590, fueron algunos de los acontecimientos que resultaron de la política atlántica del Rey. En mayo de 1598, Felipe II firmó la Paz de Vervins con Francia. Sin embargo, el enfrentamiento con el Reino británico y la rebelión de los Países Bajos, cuyas regiones del Norte se erigieron en Estado independiente en 1581 bajo la denominación de Provincias Unidas, continuaban en curso a la muerte del Monarca.

En lo que concierne a España, el reinado de Felipe II se caracterizó por la continuidad institucional, la defensa de la ortodoxia religiosa frente a la herejía, la inestabilidad política y social imperante en zonas como Granada y Aragón y el incremento de la presión fiscal derivada de los compromisos militares de la Monarquía en Europa. A este respecto, cabe mencionar la enérgica actuación del Monarca ante el descubrimiento de los focos luteranos de Valladolid y Sevilla; la aplicación en la Monarquía Hispánica de los acuerdos emanados del Concilio de Trento (1545-1563); la represión de la revuelta de los moriscos granadinos, que se prolongó entre 1568 y finales de 1570, o la enérgica respuesta del Rey a los tumultos de Aragón de 1591. En cuanto a la Administración del Estado, Felipe II fijó la capitalidad de la Monarquía Hispánica en Madrid (febrero de 1561); incorporó los Consejos de Italia (1558), Portugal (1582), Flandes y Cámara de Castilla (1588) al sistema polisinodial; favoreció la creación de Juntas colegiadas con el fin de racionalizar y agilizar el tratamiento de los asuntos de gobierno y alentó la proyección política de los Secretarios reales (el más famoso de los cuales fue Antonio Pérez) como canales de comunicación entre el Monarca y las distintas instituciones. Asimismo, el Rey dispuso la introducción de ciertas mejoras tanto en la Marina española como en la organización y armamento de los Tercios.

Por último, en el ámbito ultramarino, los años de gobierno de Felipe II se caracterizaron por la consolidación del dominio español en el continente americano; la expansión por el Atlántico y el Pacífico; la conquista de las Islas Filipinas; y el desarrollo de la conocida como “Flota de Indias” con el fin de proteger el tráfico comercial y neutralizar los ataques corsarios alentados por potencias enemigas de la Monarquía Hispánica como Inglaterra, Francia y las Provincias Unidas.

Ciertos acontecimientos del reinado de Felipe II (como la rebelión de los Países Bajos), así como algunos de sus métodos de gobierno, aspectos de su personalidad y sucesos de su vida privada (por ejemplo, la prisión y muerte de su hijo, el Príncipe Carlos, o el fallecimiento de su tercera esposa, Isabel de Valois, en 1568) fueron instrumentalizados por la propaganda antiespañola en la conocida como “Leyenda Negra”.

Felipe II falleció en el Monasterio de El Escorial el 13 de septiembre de 1598, a la edad de setenta y un años. Sus restos reposan en el Panteón de Reyes de dicho Monasterio, erigido a instancias del Monarca en conmemoración de la victoria de San Quintín.

Fuente: Real Academia de la Historia (https://www.rah.es)

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Reales Sitios

Palacio Real de El Pardo

1547

El Palacio Real de El Pardo es la Residencia Oficial de Jefes de Estado Extranjeros desde 1983 y sus orígenes como cazadero real están vinculados al Monte de El Pardo. Es un edificio vinculado estrechamente a la historia de España. Mandado construir por el Emperador Carlos V en el siglo XVI y que en el siglo XVIII fue ampliado por mandato de Carlos III. Hay que destacar su entorno, ya que está rodeado por el Monte de El Pardo, espacio natural de extraordinario valor, considerado como el bosque mediterráneo más importante de la Comunidad de Madrid.

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