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El retrato de Los emperadores Carlos V e Isabel de Portugal es una de las obras más extraordinarias del Palacio de Liria. Fue adquirida en Londres en 1936 por el XVII duque de Alba, Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó (1878-1953), y desde entonces forma parte de la colección de la Casa de Alba. En la actualidad la obra decora el Salón Flamenco del Palacio de Liria.

El duque de Alba

El duque don Jacobo fue una de las figuras más relevantes de la historia familiar. Hizo siempre gala de un gran amor por la historia, heredado de su madre, Rosario Falcó (1854-1904), y colaboró de forma entusiasta en muchas de las empresas culturales desarrolladas en España durante la primera mitad del siglo XX. Fue académico de las tres grandes academias españolas y director, durante más de veinticinco años, de la Real Academia de la Historia. Asimismo, promovió la creación de diversas instituciones culturales y llegó a presidir el patronato del Museo del Prado. Incrementó de manera notable la colección ducal mediante la adquisición de extraordinarias obras de grandes maestros, relacionadas tanto con la historia de su familia como con la historia de España. 

El encargo a Tiziano

Esta espléndida versión de Peter Paul Rubens (1577-1640) constituye el único testimonio conservado de la obra original pintada por Tiziano Vecellio (1490-1576) que desapareció en el incendio del Alcázar de Madrid en 1734.
En 1548, durante la Dieta de Augsburgo, el artista italiano recibió un encargo de Carlos V (1500-1558) para realizar una serie de retratos de la familia imperial. Además del célebre cuadro de Carlos V a caballo en Mühlberg, conservado en el Museo Nacional del Prado, fue en ese momento cuando realizó un doble retrato del emperador junto a Isabel de Portugal (1503-1539).
Para la composición, Tiziano se sirvió de otros modelos ya realizados. En el caso del emperador, se inspiró en el Retrato del emperador Carlos V sentado en un sillón conservado en la Alte Pinakothek de Múnich. Para la efigie de la emperatriz, que por entonces ya había fallecido, utilizó como referencia un cuadro hoy perdido realizado en 1544 y conocido gracias a un grabado de Pieter de Jode (1570-1634). Isabel de Portugal nunca posó para Tiziano, quien probablemente empleó como modelo la obra pintada por William Scrots (activo entre 1537 y 1553), actualmente conservado en el Museo de Poznan (Polonia), introduciendo algunas modificaciones en el rostro de la emperatriz. El doble retrato acompañó al emperador a Yuste y en 1636, según los inventarios del Alcázar de Madrid, se encontraba en el dormitorio del rey.
Fernando Álvarez de Toledo, III duque de Alba (1507-1582), y cortesano próximo al emperador, debió conocer la pintura, pues encargó una pintura de composición similar junto a su mujer María Enríquez (1510-1583), que hoy se conserva en la colección del duque de Pastrana.

La versión de Rubens

A lo largo de su vida, Rubens copió una gran parte de las obras de su admirado Tiziano, no solo como parte de su formación, sino también como un desafío a los grandes maestros. En 1628, durante su segundo viaje a Madrid, realiza esta versión, en la que Carlos V e Isabel de Portugal aparecen vestidos de negro y representados de tres cuartos, apoyados en una mesa con mantel rojo. Tras ellos, unas cortinas ocultan parcialmente un paisaje que se ha identificado con la sierra madrileña de Guadarrama. El emperador sostiene un guante, mientras que el de la emperatriz reposa sobre la mesa, quizás como alusión a su fallecimiento. En el centro de la composición destaca un reloj, símbolo del tiempo. 
Rubens se la llevó consigo de regreso a Amberes, pero tras el fallecimiento del artista en 1640, se produjo una almoneda de sus bienes. Carlos I de Inglaterra (1600-1649), mecenas y protector de Rubens, la adquirió. En 1847 fue expuesta en el British Institution propiedad de P.H. Howard; posteriormente pasó a Frank T. Sabin (c. 1815/1847-1915) de Londres y fue adquirida por el duque Jacobo en 1936.

Título

Los emperadores Carlos V e Isabel de Portugal

Tipo de objeto

Cuadro

Autor

Peter Paul Rubens (Siegen, 1577 - Amberes, 1640)

Datación

h. 1628

Características

Óleo sobre lienzo

Dimensiones

1,14 x 1,64 (s.m)

Procedencia

Palacio de Liria, Madrid

Créditos

Textos: Álvaro Romero Sánchez-Arjona, director de la Fundación Casa de Alba

Patrocinadores

Fundación Ramón de Areces

Colaboradores

Fundación Casa de Alba

Otras obras relacionadas

Retrato de Carlos V con un capotillo forrado en lobos cerbales
Jacob Seisenegger (1505-1567)
1530
Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial
10018673

La importancia de este retrato de Carlos V de Jacob Seisenegger de la colección escurialense radica en ser la primera efigie que lo representa de cuerpo entero y a tamaño natural dentro del gran número de imágenes existentes del emperador.   
El artista lo pintó en Augsburgo adonde acudió en 1530 a la Dieta de la familia Habsburgo, acompañando a Fernando de Austria, el hermano del emperador, de quien era su pintor de corte y para quien realizaría otros cuatro retratos del mismo formato entre 1530 y 1532. Fue en esta ciudad imperial donde Seisenegger encontró el ambiente perfecto para plantear la modalidad de cuerpo entero como la fórmula más idónea para representar al emperador. Dicha tipología contaba con ejemplos en el mundo germánico -Cranach, Strigel, Wertinger, Amberger e incluso en Seisenegger- e italiano –Carpaccio o Moretto-. Pero la reinterpretación llevada a cabo por el artista fue fundamental para la configuración de la imagen posterior del emperador y, en general, para la del retrato cortesano de las siguientes décadas, como así también lo fue para la copia efectuada por Tiziano de la última versión del alemán a principios de 1533 en Bolonia y que hoy se encuentra en el Museo Nacional del Prado. 

Texto: Carmen García-Frías Checa

Retrato de Isabel de Portugal
Anónimo flamenco
Segunda mitad del siglo XVI 
Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial
10014396

Curiosamente, al morir Isabel de Portugal en 1539 su efigie casi no había sido reproducida. Carlos V tan sólo contaba con pequeños retratos en pergamino o en camafeos, que figuraban entre las piezas reunidas en su retiro de Yuste. De ahí, la necesidad que tuvo el emperador de encargar a Tiziano a lo largo de la década de los cuarenta varias efigies póstumas, que la reprodujeron de forma bien idealizada, como así lo demuestra la copia de Rubens del retrato de la pareja imperial de la Casa de Alba.
Pero la vera efigie de Isabel se encontraba en esos pequeños retratos en miniatura, que debieron de servir de modelo a todos aquellos maestros flamencos al servicio de la Casa de Austria en la corte de Bruselas, como fueron Joos van Cleve (c. 1485-1540 o 1541), Jan Cornelisz Vermeyen (c. 1504-1559) o Guillaume Scrots (activo 1537-1553). 
Patrimonio Nacional conserva un pequeño y delicado retrato de la emperatriz en sus colecciones escurialenses, que se relaciona de forma muy estrecha con este grupo de retratos flamencos contemporáneos.  Esta imagen, junto a la de su pareja con la efigie de Carlos V, figura por primera vez documentada en 1779 en la Casa de Campo de San Lorenzo de El Escorial, donde el príncipe Carlos (IV) reunió una gran parte de sus tesoros pictóricos.

Texto: Carmen García-Frías Checa

Vista de la ciudad de Sevilla
Impreso en Colonia por Bertrami Buchholtz, 1594
Real Biblioteca
VI/F/120

Desde el siglo XV, y de manera especialmente intensa tras la llegada castellana a las Indias en 1492, Sevilla experimentó un notable crecimiento demográfico y económico. En este contexto de expansión, la ciudad fue elegida para acoger las bodas reales entre Carlos I e Isabel de Portugal en 1526, hace ahora quinientos años. La ceremonia se celebró en el Real Alcázar de Sevilla en la noche del doce de marzo, a medianoche.
Sevilla se convirtió en símbolo del nuevo y poderoso impulso de la Corona. A través del río Guadalquivir, claramente representado en la imagen, comenzaron a llegar abundantes mercancías procedentes de las Indias, junto a otros bienes, lo que transformó a la capital hispalense en un destacado emporio urbano durante varias décadas.
La imagen corresponde a un plano topográfico de Sevilla realizado para el célebre proyecto editorial de vistas urbanas de George Braun y Franz Hogenberg, Civitates orbis terrarum, compuesto por seis volúmenes. Este ejemplo pertenece al cuarto de ellos. La serie comenzó a publicarse en 1572 y tuvo sucesivas ediciones como complemento del atlas de Abraham Ortelius, cuya primera edición, aparecida en 1570, alcanzó un éxito inmediato.
En la parte superior de la composición aparecen varios escudos: en el centro, el escudo real; a la derecha, el de la ciudad de Sevilla; y a la izquierda, el de la familia Guzmán, señores de amplios territorios sevillanos. La ciudad celebró con entusiasmo la decisión regia de acoger las bodas, frente a otras importantes urbes castellanas —como Toledo, Valladolid o Burgos— que también habrían sido sedes apropiadas. Sin embargo, estas representaban una monarquía del pasado, mientras que Sevilla inauguraba un protagonismo histórico que se prolongaría durante cerca de doscientos años.
La pareja real permaneció en la ciudad hasta el 13 de mayo, tras lo cual partió hacia Granada para continuar allí su viaje de bodas.

Texto: Valentín Moreno Gallego

Real cédula de la emperatriz Isabel a Diego Ramírez de Villaescusa, Obispo de Cuenca. Da fe el secretario Juan Vázquez de Molina
Madrid, 20 de septiembre de 1529
Real Biblioteca
II/2205, doc. 43

En 1529, el rey Carlos abandonó sus reinos peninsulares. El 27 de julio partió en galera desde Barcelona hacia Italia, tras haber dejado previamente Castilla para asistir a las Cortes aragonesas de Monzón el año anterior. No regresó hasta abril de 1533. Fueron cuatro años intensos, en los que destacó su coronación imperial en Bolonia al año siguiente de su partida. Posteriormente, se producirían nuevas ausencias.
Desde su matrimonio, el ya emperador reconoció en Isabel un carácter prudente y adecuado para ejercer la regencia de Castilla y del resto de reinos peninsulares. Así, desde 1529, la reina asumió la regencia conforme a lo dispuesto en una Instrucción de 1528, ampliada en otra posterior al iniciar Carlos su salida de la península, que le otorgaba mayores poderes. Esta real cédula muestra la importancia de los asuntos que trataba Isabel, como la difusión del tratado de paz de Cambrai con Francia, encargada a don Diego Ramírez de Villaescusa.
Esta paz, también llamada “de las Damas”, fue negociada por Margarita de Austria y Luisa de Saboya. Isabel ejerció la regencia con prudencia, apoyada por consejos y ministros, aunque con criterio propio, como reflejan sus cartas. La comparación entre una real cédula suya y otra del monarca relativa a su campaña en Hungría contra los otomanos, evidencia la relevancia política de Isabel, equiparable a la del emperador. 

Texto: Valentín Moreno Gallego

Sepulcro de la emperatriz Isabel de Portugal
Johannes van Doetechum
Impreso en Amberes por Hieronymus Cock, 1563
Real Biblioteca
GRAB/200 (1)

La muerte de la emperatriz, ocurrida en Toledo el 1 de mayo de 1539 a causa de una grave infección posparto, causó una profunda impresión. Afectó especialmente al emperador Carlos y al príncipe de Asturias, que se encontraban en Madrid, así como a toda la corte y a los reinos. Carlos permaneció recluido durante un mes en el monasterio toledano de La Sisla, y su hijo no pudo presidir el cortejo fúnebre debido a la profunda consternación que le provocó la muerte de su madre. Finalmente, lo hizo el caballerizo de Isabel, el duque de Gandía, don Francisco de Borja. Por deseo expreso de la emperatriz, fue enterrada en Granada, junto a su abuela homónima. Su meticulosidad queda reflejada en la redacción de varios testamentos. En 1574, sus restos fueron trasladados al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial por orden real.
Hasta entonces, reposó en un sepulcro de mármol, conocido gracias a un aguafuerte grabado por Johannes van Doetechum, quien también representó la procesión fúnebre del emperador. Este grabado fue impreso por Hieronimus Cock en Amberes en 1563, dentro de una colección de sepulcros y cenotafios destacados. Doetechum desarrolló su actividad en los Países Bajos durante la segunda mitad del siglo, trabajando especialmente en la elaboración de atlas.
El aguafuerte muestra una imagen humanizada de la emperatriz incluso después de su muerte. Sobre su cabeza aparece un cupido, símbolo del amor que profesaba a Carlos, mientras que a sus pies se representan dos lebreles, que evocan la fidelidad y lealtad hacia el emperador. Es probable que el sepulcro fuera realizado por Pietro de Carona, experto en el trabajo del mármol de Carrara, quien décadas más tarde esculpió también el de Juana de Castilla para la misma Capilla Real de Granada.

Texto: Valentín Moreno Gallego

Autores y coleccionistas

Carlos I de España y V de Alemania
Monarca

Carlos I de España y V de Alemania

(Gante (Bélgica), 1500 - Yuste (Cáceres), 1558)

Segundo de los seis hijos de Juana I (1479-1555) y de Felipe El Hermoso (1478-1506), el futuro Carlos I de España y V de Alemania pasó su infancia en Malinas (Bélgica). Conde de Flandes y Señor de los Países Bajos desde la muerte de su padre en septiembre de 1506, su tía, la Archiduquesa Margarita de Austria (1480-1530) –viuda del Príncipe Juan (1478-1497), segundogénito de los Reyes Católicos, y hermana menor de Felipe El Hermoso–, ejerció la Regencia hasta que en 1515 fue declarado mayor de edad. Su educación estuvo a cargo de Adriano de Utrecht, futuro Papa Adriano VI. Si bien el entonces Príncipe Carlos contó con un preceptor español, Luis Cabeza de Vaca, su infancia y primera juventud transcurrieron en un ambiente cultural predominantemente francófono.

El 11 de marzo de 1526 contrajo matrimonio en Sevilla con Isabel de Portugal (1503-1539). La pareja real tuvo cinco hijos: el futuro Felipe II (1527-1598); la Infanta María (1528-1603), Emperatriz de Alemania como esposa de Maximiliano II de Austria (1527-1576); el Infante Fernando (1529-1530); la Infanta Juana (1535-1573), Princesa heredera de Portugal por su matrimonio con el príncipe Juan –hijo mayor del monarca portugués Juan III y de Catalina, hermana de Carlos V–, y el Infante Juan (1537-1538). Tras la muerte de Isabel de Portugal el 1 de mayo de 1539, Carlos I permaneció viudo hasta su muerte. El Monarca también fue padre de dos hijos extramaritales: Margarita de Austria (1521-1586), Duquesa de Parma como esposa, primero, de Alejandro de Médicis, I duque de Florencia, y después de Octavio Farnesio, duque de Parma, y futura Gobernadora de los Países Bajos, y Don Juan de Austria (1547-1578), uno de los artífices de la victoria de Lepanto frente a los turcos el 7 de octubre de 1571.

Carlos I se convirtió en Rey de España tras la muerte de su abuelo materno, Fernando El Católico, el 25 de enero de 1516. Debido a la inestabilidad mental de su madre, la Reina Juana, se dispuso que el nuevo Monarca reinara conjuntamente con ella, quien por su parte continuó recluida en Tordesillas hasta su muerte el 12 de abril de 1555. El 28 de junio de 1519, Carlos fue elegido Emperador de Alemania con el nombre de Carlos V, tras el fallecimiento de su abuelo paterno, el Emperador Maximiliano I, en enero de ese mismo año.

Los comienzos del nuevo reinado se caracterizaron por la inestabilidad. La incomprensión hacia los intereses europeos del Monarca, añadida a la conflictividad reinante en las grandes ciudades y a los errores iniciales de Carlos I, como las mercedes y cargos públicos que concedió a algunos de sus consejeros flamencos, se encontraron en el origen del estallido en 1520 de la revuelta de las “Comunidades” en Castilla y del movimiento agermanado en Valencia y Mallorca. Ambas insurrecciones, que pusieron en tela de juicio la autoridad real, se prolongaron hasta 1522, año en el que fueron sofocadas definitivamente por las fuerzas leales al Monarca y éste aprobó la concesión de un “perdón general”. Otros factores que contribuyeron al restablecimiento de la normalidad fueron la mayor integración de las elites locales en la Administración de la Monarquía, la continuidad con algunas de las reformas institucionales iniciadas en su día por los Reyes Católicos, como el incremento del número de Consejos de gobierno, y la presencia en territorio castellano de la esposa del Monarca, Isabel de Portugal, que le sustituyó al frente del poder durante sus ausencias, así como de sus hijos.

En calidad de Soberano, Carlos I aspiró a consolidar la posición de la Monarquía Hispánica como potencia hegemónica en las relaciones internacionales europeas. A lo largo de su reinado, la política exterior carolina estuvo condicionada por la rivalidad con Francia y el Imperio Otomano, las consecuencias de la ruptura religiosa en Alemania y la amplitud de los frentes militares a los que el Monarca hubo de prestar atención. La participación española en los conflictos bélicos de la Europa de la primera mitad del Quinientos se saldó con éxitos notables como las victorias de Pavía (1525) y Mühlberg (1547), la toma de Túnez (1535) y la incorporación del Ducado de Milán a los territorios bajo soberanía de la Monarquía Hispánica (1540), pero también con fracasos como los de la “Jornada de Argel” (1541), la precipitada huida de Carlos I de Innsbruck (1552) o la firma de la Paz de Augsburgo (1555), que consumó la división religiosa en el Imperio alemán. Frente a este balance desigual en el ámbito europeo, en el continente americano son de destacar la conquista de los Imperios Azteca e Inca por las huestes a las órdenes de Hernán Cortes y Francisco Pizarro, en 1521 y 1533 respectivamente; la creación de los virreinatos de Nueva España (1535) y Perú (1542), o la culminación de la primera vuelta al mundo por Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano entre 1519 y 1522.

Decepcionado con los resultados de su política exterior, entre octubre de 1555 y enero de 1556 Carlos I renunció a los territorios bajo la soberanía de la Monarquía Hispánica en favor de su hijo, Felipe II, en tanto la Corona imperial pasaba a su hermano Fernando (1503-1563). Tras su abdicación, el Monarca regresó a España. Desde febrero de 1557 se instaló en una Casa-Palacio aneja al Monasterio de Yuste (Cáceres), donde falleció el 21 de septiembre de 1558. Los restos de Carlos I descansan en el Panteón de Reyes del Monasterio de El Escorial.

Fuente: Real Academia de la Historia (https://www.rah.es)

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Isabel de Portugal
Monarca

Isabel de Portugal

(Lisboa, 1503 - Toledo, 1539)

Segunda hija del Rey Manuel I de Portugal (1469-1521) y de la Infanta María de Aragón (1482-1517), Isabel de Portugal creció en la corte de Lisboa, frecuentada entre otros literatos por el gran dramaturgo Gil Vicente. Su educación fue supervisada por su madre, hija de los Reyes Católicos. Además de distintas lenguas vivas y del latín, que traducía y hablaba con fluidez, Isabel de Portugal aprendió a tocar varios instrumentos musicales y entró en contacto con las distintas corrientes intelectuales propias del Humanismo renacentista.

Su boda con Carlos I (1500-1558), concertada en 1525, se celebró en Sevilla el 11 de marzo de 1526. A pesar de los largos periodos de separación debido a los frecuentes viajes del Monarca por razones políticas y militares, formaron un matrimonio compenetrado y bien avenido. La pareja real tuvo cinco hijos: el futuro Felipe II (1527-1598); la Infanta María (1528-1603), Emperatriz de Alemania como esposa de Maximiliano II de Austria; el Infante Fernando (1529-1530); la Infanta Juana (1535-1573), Princesa heredera de Portugal por su matrimonio con el príncipe Juan –hijo mayor del monarca portugués Juan III y de Catalina, hermana de Carlos V–, y el Infante Juan (1537-1538).

El papel político de Isabel de Portugal fue muy destacado. Después de su enlace no sólo asumió la labor de intermediación entre los intereses de su marido y los de su patria de origen, Portugal, sino que desde 1529 también actuó como Gobernadora en tanto Carlos I se encontraba en tierras europeas. Entre las principales preocupaciones políticas de la Soberana se encontraron la defensa de las fronteras con Francia, los asuntos económicos y la mediación en las disputas cortesanas, en las que jugó el papel de árbitro siguiendo las directrices del Rey. A pesar de su dedicación a las tareas de gobierno, Isabel de Portugal se implicó de manera directa en la educación de sus hijos, cuyos maestros y preceptores eligió personalmente.

Su fallecimiento, ocurrido en Toledo el 1 de mayo de 1539, se debió a las complicaciones derivadas de su último parto, que se produjo mientras Carlos I se encontraba en Madrid. Los restos de Isabel de Portugal reposan en el Panteón de Reyes del Monasterio de El Escorial. Tras el deceso de la Soberana, Carlos I rechazó volver a casarse y permaneció viudo hasta su muerte.

Fuente: Real Academia de la Historia (https://www.rah.es)

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Rubens, Pedro Pablo
Autor

Rubens, Pedro Pablo

(Siegen (Alemania), 1577 - Amberes (Países Bajos), 1640)

Pedro Pablo Rubens  (Siegen, Sacro Imperio Romano Germánico, actual Alemania, 28 de junio de 1577-Amberes, Ducado de Brabante, Países Bajos Españoles, actual Bélgica, 30 de mayo de 1640), también conocido como Peter Paul Rubens, Pieter Paul, Pieter Pauwel o Petrus Paulus, fue un pintor barroco de la escuela flamenca. Su estilo exuberante enfatiza el dinamismo, el color y la sensualidad. Sus principales influencias procedieron del arte de la Antigua Grecia, de la Antigua Roma y de la pintura renacentista, en especial de Leonardo da Vinci, de Miguel Ángel, del que admiraba su representación de la anatomía, y sobre todo de Tiziano, al que siempre consideró su maestro y del que afirmó «con él, la pintura ha encontrado su esencia».

Trató una amplia...

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Vecellio, Tiziano
Autor

Vecellio, Tiziano

(Pieve di Cadore, Belluno, Veneto, 1488 - Venecia, 1576)

Tiziano Vecellio di Gregorio, conocido tradicionalmente en español como Tiziano o Ticiano (Pieve di Cadore, Belluno, Véneto, hacia 1488/1490-Venecia, 27 de agosto de 1576),1​ fue un pintor italiano del Renacimiento, uno de los mayores exponentes de la Escuela veneciana.

Reconocido por sus contemporáneos como «el sol entre las estrellas», en homenaje a la línea final del Paraíso de La Divina Comedia de Dante Alighieri,2​ Tiziano es uno de los más versátiles pintores italianos, igualmente capacitado para ejecutar retratos, paisajes (dos de los temas que le lanzaron a la fama), escenas mitológicas o cuadros de temática religiosa. Tuvo una larga y dilatada carrera, y su obra atravesó muchas y diferentes etapas, en las que su estilo cambió tan drásticamente que algunos...

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